El blog de Elisa Bayo

¿Dónde está la tía Angustias?

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 15 junio 2016

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En el coche de camino a Villalba para acudir a San Antonio, mirando por la ventanilla, mi tía recuerda los tiempos pasados que siempre son mejores, porque ella no era tan vieja: “Yo me acuerdo de joven, para San Antonio, que se les descabezaba la cebá en Yémeda porque en lugar de segar estaban de celebración. Y mira ahora el campo qué verde”. Me  pregunta varias veces si llegamos a tiempo (a tiempo para coger un rollo de la caridad y echar un vaso de zurra*, porque de la misa pasa, que ya ha ido en San Esteban).

Así que, tras aguantar la subasta de los rollos grandes, vamos a la plaza del Horno en procesión, donde hay tres filas de sillas con vistas privilegiadas reservadas a los mayores del pueblo, el 80 por ciento de la población. Los de primera fila tienen más acceso a las viandas que corren en todas direcciones. En la tercera se colocan los más prudentes: Evitando la tentación se evita el pecado, que nadie quiere un disgusto mañana cuando la enfermera revise el azúcar.

Así como las señoras irlandesas se visten con un gorro de lana, gabardina y pantalón oscuro, de setenta para arriba, las españolas -y las conquenses no iban a ser menos- toman por uniforme la camisa estampada, la falda lisa por la pantorrilla y la permanente de los viernes. Y esta es la pista principal para escrutar el escenario repleto de seniors y deducir quién es mi tía.

*La zurra es como el calimocho, pero con vino manchego y más fruta.

Saneamientos

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 14 abril 2016

“Las diputaciones provinciales son las instituciones más saneadas de nuestro país, sobre todo aquí, que como cada cuatro años se cambia de alcaldes, pues no da tiempo a mangonear. Nosotros lo que hacemos es ayudar a nuestros municipios y a los que nos apoyan en nuestros pueblos. Mira, sin ir más lejos el año pasao mi cuñao Cirilo, después de morir mi suegra, no me quería vender el piazo del arroyo, que con eso ya juntaba yo ahí un terreno majo pa las subvenciones. Y yo le dije: “Cirilo, que tu muchacho está en paro. Véndeme el piazo y tu crío no va a tener problema en entrar en los puestos que voy a sacar de conductor”. Pues claro, como es un hombre sensato, me lo vendió. Y su hijo que es un chófer de primera está ahora tan ricamente. No se ha tenido que ir al extranjero ni por ahí. Con mujer y una hija que tiene. Y todos ganamos. La sociedad y sobre todo esta provincia, ganan. Así que no me vengan diciendo a mí que las diputaciones hay que quitarlas.”

              Don/doña ……(rellénese con el nombre correspondiente….) presidente de la Diputación Provincial de ……. (rellénese con el nombre correspondiente)………

Clandestina

Posted in 2016 by Elisa Bayo on 30 marzo 2016

tijeras

Son sórdidas y oscuras, con tuberías llorosas de gotas que caen al ritmo de la tortura. Las luces azules achicharran una mosca atontada una vez o dos veces al verano y los insectos caminan rodeando las esquinas roñosas y almohadilladas por los ovillos de pelos y canas.

Y ahí está ella, observando las manos-tijeras cortando esos largos cabellos azabache, manto guardián del secreto y el pecado. Si el pueblo lo supiera… hay si lo supiera. El cráneo de esa melena sería señalado, apartado, vuelto a señalar y recordado por su delito por los siglos de los siglos. Y su familia, ¿soportaría la vergüenza?

Los tijeretazos de ese pájaro loco que la mira intermitentemente entre los dedos de su dueña le retumban en la cabeza como cuchillas de guillotina. Intenta aguantar el tipo y busca el consuelo pensando que ésa es la mejor decisión: cortar por lo sano.

Son sórdidas y oscuras, y también muy húmedas. Las peluquerías clandestinas se esconden invisibles, pero existen. Así que ya sabes ¡con lo difícil que es encontrar una peluquera que te quite la piojera!

 

Cuarenta y cuatro velas

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 2 marzo 2016

Frente a la tarta, cerró los ojos y, por primera vez, sopló las velas de su cuadragésimo cuarto cumpleaños pidiendo un repentino deseo: “Que se mueran los demagogos”. A la mañana siguiente no hubo gobierno, ni retransmisión del partido, ni conductor del autobús, ni parroquianos en el bar… Sí hubo entierros. Más de un millón.

Polno

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 22 febrero 2016

20160219_155054.jpgLos chinos nos tienen calaos ¿Cómo que se extinguen las videotecas? ¿y el “polno” qué? Al almacén del todo a cien.

Mi tía Angustias (VII)

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 28 junio 2015

“Ay, hija mía. Estoy fatal de la vista. Mira, no veo las letras de cartel de allí enfrente. Me tapo un ojo y no leo nada. Ahora me tapo el otro, y tampoco distingo lo que pone. No veo ni gota.”, así se estaba autodiagnosticando mi tía Angustias unos minutos antes de pasar al quirófano para operarse de… “¿De qué es la operación, tía?” “De tacaratas, caratacas, cacaratas… ¡como se diga!” Intento hacer su prueba. Yo tampoco veo el cartel, y también llevo gafas.

Esta vez la cosa es seria: No ve enhebrar la aguja a sus 85 años. Así que no le queda más remedio que operarse de la vista, una cosa que le da entre miedo y gusto. Primero de un ojo, el izquierdo, y a los seis meses del otro. No quiso que le programaran de los a la vez por si el asunto salía mal y se quedaba ciega, aunque ella jamás ha oído que nadie se quede ciego por una operación de taca… ¡ay!

Cuando nos dijo que la habían llamado para operarse, mi familia montó un consejo de sanidad  con carácter de urgencia para evaluar la idoneidad o no de la operación, ya que hacía poco que había pasado lo del “trompo” y la piedra en el riñón. Pero como ella estaba empeñada en quitarse las caratacas, ¡joer!, hizo caso omiso a la sugerencia de posponer la intervención quirúrgica hasta que estuviera totalmente recuperada de lo demás.

Día D. Hora H. El doctor Navarro, quien la ha tratado prácticamente media vida, ya está preparado para la cirugía. La tía entra y sale en un “visto y no visto”. Vamos, que vale más la envoltura que la criatura. “Uy, ¡qué claridad! ¿Será posible? ¡Qué bien veo!” El resto de pacientes de la sala la mira de mala manera, básicamente porque el que no tiene cacata… ¡jo!, le pasa algo peor. “Venga, vámonos a desayunar, que te invito” me dice toda contenta.

Ahora sólo le queda echarse dos clases de gotas cuatro veces al día con un intervalo de diez minutos entre un bote y otro. De eso se encarga mi hermana, capaz de acertarte aunque cierres el ojo y muevas la cabeza. No veas la práctica que se coge después de estar semanas y semanas echándole las gotas a Blanquita, la única gata tuerta que hemos tenido.

Seis meses después, la tía lo ve todo clarísimo. Se ha vuelto a graduar la vista y ha renovado sus gafas de cerca y de lejos en la Óptica Cristal, donde está doña Mari que es muy agradable y los muchachos que la atienden son muy tratables . “Ay Elisa ¡Qué bien veo de cerca! Leo las letras chiquitizcas del periódico. Y enhebro la aguja a la segunda”.

 

 

Mi tía Angustias VI: El sintrón

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 28 febrero 2015

Podría titular una película futurista o acuñar el último invento en física nuclear, sin embargo, este nombrecillo es únicamente el dato más desapercibido de la Sanidad española ¿cuántos viejos hay en este país tomando sintrom? (a partir de ahora sintrón, porque no hay nadie de los Pirineos para abajo que pronuncie una eme al final de una palabra). A mi tía Angustias se lo recetaron al salir del hospital, para que se le curara el “trompo” de la pierna. Desde entonces, una vez al mes nos vamos de marcha al centro de salud a que le controlen el espesor de la sangre, y ya de paso se toma la tensión, se pesa, le vuelven a pinchar para mirarle el azúcar… una ITV en toda regla, vamos. Ella está encantada porque, además de saludar al médico nuevo, que es muy tratable, en la sala de espera donde a las ocho y media de la mañana se concentra la media de edad más alta de la ciudad por metro cuadrado, se encuentra con los amigos, conocidos y “su cara me suena” de Carretería: “Mira, ése es el señor Vicente, que me puso el cuarto de baño hace muchísimos años”, “¿Viene usté también al sintrón, señor Vicente?” “y a esta mujer la “conozgo” yo de vernos por Carretería”.

La mujer a la que se refiere mi tía se llama Lucía porque tuvo una hermana que nació el día de Santa Lucía pero sus padres no la quisieron bautizar con ese nombre, así que después nació ella también dicho día y entonces los padres dijeron: “Ea, quiere Dios que tengamos una Lucía”, así que le pusieron Lucía.  Siempre viene acompañada por alguna hija. Por lo bajini, mi tía me susurra “Mira, hoy ha venido con la de los ojos que parecen que se le van a explotar. Da miedo ¿eh?”. Al momento, mi tía entabla conversación con Lucía quien, hasta lo del sintrón, nunca antes, en sus 95 años de vida, había tenido que ir al médico, “oiga, y todos estos que estamos aquí estamos esperando para el sintrón, ay qué ver”, y repasan dónde viven y qué pequeña era Cuenca hace casi un siglo cuando todo eran choperas y fábricas de madera y Lucía vivía en las casas viejas que había detrás de Hacienda, donde estaban las planchadoras y la tía curandera.

También comentan cómo se pierde memoria con los años: “El mes pasado no estuvo el médico porque tenía un viaje. Mari, vamos las terceras” le recuerda Lucía a su hija cuando ésta vuelve del servicio. “Ya no sé lo que iba a decir. Todo se me olvida.”

Podría ser el nombre de un planeta o de un robot en misión espacial pero sólo es un cuarto de pastilla a tomar los días señalados en la hoja.