El blog de Elisa Bayo

Eso no, caca

Posted in Y tal y tal by Elisa Bayo on 14 junio 2018

Tres hitos han marcado la unión de mi pueblo en lo que va de siglo XXI: el hundimiento del Prestige, con la fiesta de los mejillones gallegos en solidaridad con las familias mariscadoras; el 11M, con una concentración silenciosa en la plaza del pueblo; y la mierda de gorrino, con firmas a tutiplén en contra de una granja.

Llevamos una semana que no se habla de otra cosa. (El siguiente background va para mis dos lectores extranjeros, es decir, de fuera de Cuenca, por eso les pongo palabras en inglés) Resulta que el matadero de Tarancón quiere tener hasta un millón y medio de gorrinos a cien kilómetros a la redonda. Y una de las granjas proyectan construirla en Zarzuela (fin del background).

Y claro, yo me he puesto a multiplicar rápidamente a boleo porque hablar de mucha mierda, fuera del teatro, da risa.

Echando la cuenta con una tabla, cogida al azar, de producción de mierdas de cerdo, propiamente llamadas purines, mil cerdas madres con lechones pueden cagan diez mil metros cúbicos, o toneladas, de mierda al año (de verdad, no me hago a la idea de que caguen tanto, menos mal que me estoy inventando el dato). Así que, si el proyecto sale como Dios manda, en un tiempecito -probablemente breve- el corazón de Caggggtillalamancha estará regado por la nada despreciable cifra de 10.000.000 de metros cúbicos de caca, a 100 kilómetros a la redonda, claro.

Inciso:

Imaginemos que Caggggtillalamancha pudiera trasvasar mierda a Murcia en lugar de agua, podría enviar 10 hectómetros cúbicos, aunque llegaría algo menos. Algunas zurrapas se quedarían por el canal. Oye, no es moco de pavo.

Sigo:

De momento, en Villalba vamos a tener la gran suerte de acoger los purines de la granja zarzuelera de 3.000 gorrinas. Calderilla. Ea, qué le vamos a hacer, unos acogen refugiados, y otros mierda.

Yo creía que íbamos a estar contentos, porque por fin podemos demostrar lo modernos y avanzados que somos en el pueblo. Después de superar nuestro paletismo de morral, pelliza, botijo y boina a rosca cerrando granjas, mataderos y carnicerías familiares, porque los que saben del tema mucho más nos decían que eran peligrosas para la salud; de vender ganado y tierras -porque eso es para los fracasados que no valen para estudiar- y de irnos a sacarnos carreras y doctorados a Madrid para prosperar, o lo que es lo mismo, que nos llamen con un “don” delante y trabajar en una oficina en la ciudad y vaciar los pueblos, resulta que lo guay era montar una casa rural en el pueblo y vivir del turismo de naturaleza, porque los de ciudad se estresan, los árboles son terapéuticos y “los bebés vaquitas recién nacidas son preciosas vamos a llevarnos esta que está abandonada por su mamá que se ha ido a comer a cincuenta metros, llamamos al 112, dejamos la vaca en otro rebaño y se muere”. Y además, como todo el mundo sabe, el desarrollo rural es “una apuesta decidida de futuro”, un “motor de desarrollo” y “una prioridad para este gobierno” desde los años 90 hasta la actualidad.

Y ahora, que nos volvemos al pueblo, y ponemos la casa rural con la subvención,  y convertimos el monte en parque, y no cortamos ni una ramita de romero de las que dan buena suerte, los dirigentes de la administración pública nos dicen que qué bonitas y modernas las granjas a la vanguardia tecnológica -pero no las de cien gorrinos, que eso es insostenible- de mínimo mil. Porque residuos, lo que se dice residuos, son los nucleares. Los purines no, leñe. Da gusto escuchar decir, e incluso alegra, que la mierda de miles de gorrinos juntos puede convivir en perfecta armonía con los turistas que vengan a respirar el aire puro de la naturaleza ¿O era con los turistas que venían a beber vino? Qué más da. Es maravilloso. Qué queréis que os diga. Yo me lo creo. Lo dice la gente que ha estudiado en condiciones, con su título enmarcado en la pared con su “don” bien puesto.

Sin embargo, en el pueblo están que trinan, pían, ladran, mugen, rugen y muerden. A los que tuvieron viejas granjas (aquellos paletos que no sabían hacer la o con un canuto, claro, y que hasta metían los gorrinos en sus casas), les hacen los ojos chiribitas al imaginarse tal embalse de mierda. Los únicos contentos son los cómicos y titiriteros, faltaría más. Aunque esos no cuentan, como son unos pelambreras subversivos…

En cualquier caso, y como personas primarias que somos -los que somos de pueblo-, que nos guiamos por nuestros instintos y no nos enteramos de lo que pasa en el mundo, sólo nos queda aplicar una de las primeras frases dichas por nuestros padres que se fija como impronta en el cerebro para luchar por la supervivencia de la especie: “Eso no, caca”.

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Rambo

Posted in Y tal y tal by Elisa Bayo on 1 mayo 2018

En mi pueblo, las supernanis de los años 80 eran la calle y las películas VHS alquiladas a un señor que iba de casa en casa con un maletín repleto de “flamantes” títulos como “Las tortugas ninja”, “Tú a Boston y yo a California” o “Annie”, cuya canción favorita decía “huérfanas, huérfanas, raza vil de enanas perversas”.

Con un improvisado chaleco cortado a cuchillo y acechado por unos malvados policías en las frías montañas, John Rambo, de apellido Acorralado fue, de entre todos, nuestro mejor cuidador las tardes de los fines de semana. No recordaba yo qué grave injusticia se había cometido contra él ni a qué débil familia o mujer estaba tratando de proteger para verse sin escapatoria ante unos perseguidores decididos a matarlo.

No lo recordaba hasta anoche, que volví a ver la película después de casi treinta años. La historia trata de un soldado condecorado y traumatizado por la guerra de Vietnam que descubre que el último compañero vivo de su grupo ha muerto de cáncer por un veneno que usaron en la contienda. Así que se enfada mucho. Pero no dice nada. Se queda callado con los ojos tristes y se va al pueblo de al lado a comer algo.

En estas, se cruza con el sheriff, que se cree que el pueblo es suyo. A ojos de la autoridad, Rambo es lo que en el siglo XXI se consideraría un perroflauta greñudo y piojoso con petate (sí, greñudo y piojoso al lado de perroflauta queda redundante) que seguramente tendrá la intención de robar en sus honrados negocios, violar a sus mujeres y pegarles los piojos a sus perros, así que le invita a montarse en el coche de las lucecitas y lo saca del pueblo, no sin antes dejarle clarísimo que es un ser despreciable, lo que viene siendo la última escoria de la Humanidad con mayúsculas.

En cuanto el policía se da la vuelta, Rambo decide regresar al pueblo. Así que el agente de la ley lo lleva a la comisaría, donde lo empapelan, lo emporretan, lo lavan con una manguera y le pegan una paliza. Rambo se enfada mucho, claro. Pero no dice nada. Bueno, no dice nada, aparentemente. Porque en el fondo, quiero decir, por abajo, a John Rambo se le están empezando a aumentar de volumen con forma casi esférica y ligeramente ovalada -en la parte unida al resto del cuerpo- hasta casi reventar las dos glándulas sexuales masculinas.

El protagonista estalla cuando lo intentan afeitar, porque la navaja le recuerda a las torturas del Viet Cong. Como es un veterano condecorado, se escapa de la comisaría, roba una moto y huye a la montaña.

Al sheriff, sin embargo, no le había hecho falta ser torturado ni condecorado ni que se le murieran todos los amigos en la guerra de Vietnam  para que se le aumentaran de volumen con forma casi esférica y ligeramente ovalada -en la parte unida al resto del cuerpo- hasta casi reventar las dos glándulas sexuales masculinas: le bastaba con que un perroflauta greñudo y piojoso con petate le desobedeciera en su pueblo.

A partir de ahí, inician una violenta persecución en la que mueren varios policías (supongo que fueron más de uno. Me quedé frita al poco de palmarla el primero desnucándose al caer de un helicóptero). Aunque Rambo les perdona la vida en la emboscada que les prepara, revela a su confesor -su jefe en Vietnam- que “ellos empezaron primero” y que por tan sólido y convincente motivo, no se va a rendir. Paralelamente, el sheriff convierte el seguimiento en una caza mortal por derecho (porque los perroflautas que pisan su pueblo sin su permiso no tienen derecho) con un amplio derroche de recursos materiales y humanos costeados con los impuestos de los contribuyentes. Y sobre todo, el “a ver quién puede más” continúa porque ambos padecen un intenso y molesto roce en la entrepierna.

Así que la trama, el argumento, el planteamiento, nudo y desenlace de la historia, el punto de inflexión de la película, los millones de dólares invertidos en la producción y recaudados en taquilla, y el paso a la posteridad de Sylvester Stallone se resumen en un sencillo y primitivo fenómeno biológico propio del macho ibérico: una hinchazón de huevos.

Ni desvalida y sexy chica a la que rescatar, ni hijo secuestrado, ni afrenta por resarcir. Todo se reducía a una argumentación testicular. Qué revelación. Pase el abuso en el empleo de personajes estereotipados: el negro es el amigo muerto y el gordo es el malo con ardor de estómago. Incluso pase que el héroe -un inadaptado a la paz- sea una víctima del abuso y la corrupción de la autoridad local después de recibir una patada en el trasero por parte del Gobierno de los Estados Unidos cuando  más falta le hacía un psiquiatra. Pero que mi mejor niñera de los fines de semana, y su enemigo, tuvieran tal opresión en la bragueta que les obligara a conducir hasta las mismísimas garras de la muerte a las personas de su alrededor, me pone patas arriba la concepción de los mecanismos de construcción social de la realidad desde la más tierna infancia.

Todo ello me ha animado a volver a reflexionar sobre la lectura de la compleja y enmarañada política nacional y local que marcan la actualidad informativa, así como los aspectos de la vida cotidiana en los que intervienen al menos dos machos en una situación de desacuerdo e incluso de potencial conflicto. Tal vez pueda elaborar algunas conclusiones tras el análisis de los diferentes casos. Pero a partir de ahora, intentaré incluir la siguiente variable: el aumento de volumen con forma casi esférica y ligeramente ovalada -en la parte unida al resto del cuerpo- hasta casi reventar de las dos glándulas sexuales masculinas.

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Por la acera

Posted in 2017 by Elisa Bayo on 31 enero 2017

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A ella le pingaba la falda, dejando al aire unas canillas duras como garrones secos. Él ya llevaba los pantalones un palmo por encima de los riñones. Las chaquetas, de lana. Los pelos, blancos y lacios. Caminaban acompasados por la acera. Ella, con la muleta en la mano derecha, para darle la izquierda a su marido. Él, con el garrote en la izquierda, para coger con la otra a su mujer. Y esas manos se fundían como una sola pieza de madera tallada: resistente, vieja, tenaz, maleable, suave… hasta que llegaron a la señal de información turística, mal plantada en su camino. Las Casas Colgadas y los hoteles a la izquierda, el Museo Paleontológico a la derecha. Ellos marchaban de frente. Así que se soltaron. Él apoyó el garrote en el asfalto para rodear el impertinente mobiliario urbano. Ella se agarró al poste informativo para no perder el equilibrio. Escribiré una carta al Ayuntamiento. El de Urbanismo ha de saberlo: Las aceras de Cuenca no están hechas para el amor duradero.

Meteorología mortal

Posted in 2017 by Elisa Bayo on 19 enero 2017

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El parte da nieve. Las máquinas comienzan a esparcir sal. Los hombres del tiempo multiplican sus seguidores en Twitter. Las máquinas echan más sal. El gobierno suspende las clases en los colegios. Las calles se cubren de blanco, por la sal. #diamundialdelanieve #estampanavideña #frozenSpain se hacen ‘trending topic’. Las carreteras, con la tensión por las nubes; los informativos, de blanco nuclear. Cuatro copos en un cerro. Las cabras salen a la carretera, a chupar sal. Un conductor wasapea: “la carretera está bien”, y se estampa contra un animal. Una chiva parda, la primera víctima mortal del temporal.

Ya están aquí

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 18 octubre 2016

Hacía mucho que no sabíamos de ellos. Desde aquellas tardes-noches de meriendas-cenas en las que nos animaban a ir a la cama. Lo que no pensaba yo es que, ante tal desbarajuste y embrollo de país, los Lunnis hubieran decidido arremangarse y tomar cartas en el asunto para por fin solucionar esta loca situación política.

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¿Dónde está la tía Angustias?

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 15 junio 2016

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En el coche de camino a Villalba para acudir a San Antonio, mirando por la ventanilla, mi tía recuerda los tiempos pasados que siempre son mejores, porque ella no era tan vieja: “Yo me acuerdo de joven, para San Antonio, que se les descabezaba la cebá en Yémeda porque en lugar de segar estaban de celebración. Y mira ahora el campo qué verde”. Me  pregunta varias veces si llegamos a tiempo (a tiempo para coger un rollo de la caridad y echar un vaso de zurra*, porque de la misa pasa, que ya ha ido en San Esteban).

Así que, tras aguantar la subasta de los rollos grandes, vamos a la plaza del Horno en procesión, donde hay tres filas de sillas con vistas privilegiadas reservadas a los mayores del pueblo, el 80 por ciento de la población. Los de primera fila tienen más acceso a las viandas que corren en todas direcciones. En la tercera se colocan los más prudentes: Evitando la tentación se evita el pecado, que nadie quiere un disgusto mañana cuando la enfermera revise el azúcar.

Así como las señoras irlandesas se visten con un gorro de lana, gabardina y pantalón oscuro, de setenta para arriba, las españolas -y las conquenses no iban a ser menos- toman por uniforme la camisa estampada, la falda lisa por la pantorrilla y la permanente de los viernes. Y esta es la pista principal para escrutar el escenario repleto de seniors y deducir quién es mi tía.

*La zurra es como el calimocho, pero con vino manchego y más fruta.

Saneamientos

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 14 abril 2016

“Las diputaciones provinciales son las instituciones más saneadas de nuestro país, sobre todo aquí, que como cada cuatro años se cambia de alcaldes, pues no da tiempo a mangonear. Nosotros lo que hacemos es ayudar a nuestros municipios y a los que nos apoyan en nuestros pueblos. Mira, sin ir más lejos el año pasao mi cuñao Cirilo, después de morir mi suegra, no me quería vender el piazo del arroyo, que con eso ya juntaba yo ahí un terreno majo pa las subvenciones. Y yo le dije: “Cirilo, que tu muchacho está en paro. Véndeme el piazo y tu crío no va a tener problema en entrar en los puestos que voy a sacar de conductor”. Pues claro, como es un hombre sensato, me lo vendió. Y su hijo que es un chófer de primera está ahora tan ricamente. No se ha tenido que ir al extranjero ni por ahí. Con mujer y una hija que tiene. Y todos ganamos. La sociedad y sobre todo esta provincia, ganan. Así que no me vengan diciendo a mí que las diputaciones hay que quitarlas.”

              Don/doña ……(rellénese con el nombre correspondiente….) presidente de la Diputación Provincial de ……. (rellénese con el nombre correspondiente)………