El blog de Elisa Bayo

Mi tía Angustias VI: El sintrón

Posted in Sin categoría by Elisa Bayo on 28 febrero 2015

Podría titular una película futurista o acuñar el último invento en física nuclear, sin embargo, este nombrecillo es únicamente el dato más desapercibido de la Sanidad española ¿cuántos viejos hay en este país tomando sintrom? (a partir de ahora sintrón, porque no hay nadie de los Pirineos para abajo que pronuncie una eme al final de una palabra). A mi tía Angustias se lo recetaron al salir del hospital, para que se le curara el “trompo” de la pierna. Desde entonces, una vez al mes nos vamos de marcha al centro de salud a que le controlen el espesor de la sangre, y ya de paso se toma la tensión, se pesa, le vuelven a pinchar para mirarle el azúcar… una ITV en toda regla, vamos. Ella está encantada porque, además de saludar al médico nuevo, que es muy tratable, en la sala de espera donde a las ocho y media de la mañana se concentra la media de edad más alta de la ciudad por metro cuadrado, se encuentra con los amigos, conocidos y “su cara me suena” de Carretería: “Mira, ése es el señor Vicente, que me puso el cuarto de baño hace muchísimos años”, “¿Viene usté también al sintrón, señor Vicente?” “y a esta mujer la “conozgo” yo de vernos por Carretería”.

La mujer a la que se refiere mi tía se llama Lucía porque tuvo una hermana que nació el día de Santa Lucía pero sus padres no la quisieron bautizar con ese nombre, así que después nació ella también dicho día y entonces los padres dijeron: “Ea, quiere Dios que tengamos una Lucía”, así que le pusieron Lucía.  Siempre viene acompañada por alguna hija. Por lo bajini, mi tía me susurra “Mira, hoy ha venido con la de los ojos que parecen que se le van a explotar. Da miedo ¿eh?”. Al momento, mi tía entabla conversación con Lucía quien, hasta lo del sintrón, nunca antes, en sus 95 años de vida, había tenido que ir al médico, “oiga, y todos estos que estamos aquí estamos esperando para el sintrón, ay qué ver”, y repasan dónde viven y qué pequeña era Cuenca hace casi un siglo cuando todo eran choperas y fábricas de madera y Lucía vivía en las casas viejas que había detrás de Hacienda, donde estaban las planchadoras y la tía curandera.

También comentan cómo se pierde memoria con los años: “El mes pasado no estuvo el médico porque tenía un viaje. Mari, vamos las terceras” le recuerda Lucía a su hija cuando ésta vuelve del servicio. “Ya no sé lo que iba a decir. Todo se me olvida.”

Podría ser el nombre de un planeta o de un robot en misión espacial pero sólo es un cuarto de pastilla a tomar los días señalados en la hoja.

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Una respuesta

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  1. d:D´ said, on 1 marzo 2015 at 11:45

    Un galeno en el medallero de bronce
    [De los Pirineos hacia abajo suelo pronunciar la m, salvo cuando estoy en Suiza.
    Cosas de la lengua materpae]


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