El blog de Elisa Bayo

Eau de cologne

Posted in 2012, año del pan by Elisa Bayo on 23 enero 2012

Los nervios le habían jugado una mala pasada y en lugar de coger la locción hidratante aftersave, se aplicó la crema antiarrugas de flor de rosa de su esposa. No se dió cuenta hasta que se recostó en el asiento del autobús, camino de su primera entrevista de trabajo en 18 meses.

Dos años antes, había acudido a más de una veintena de pruebas para conseguir un empleo: de administrativo, de camarero, de ayudante de cocina, de repartidor del pan, de vigilante de la zona azul, de barrendero… Él iba siempre hecho un pincel, con una sonrisa amable, sin perder ni un ápice la esperanza ni la buena imagen… Pero nada.

Y ahora, cuando se le presentaba otra gran oportunidad, metía la pata. Con fragancia a rosas frescas, así se  iba a presentar al puesto de operador manual de la planta de reciclado.

Pero para su sorpresa, logró superar con creces la primera prueba, separar los residuos metálicos de los plásticos, y fue citado al día siguiente para el segundo examen.

Así que al día siguiente, en el cuarto de baño, frente al espejo, se preguntó si el potingue de su mujer le había dado buena suerte. Llegó a la conclusión de que así había sido por lo que, además de volverse a aplicar la crema de rosas, decidió completar su amuleto cosmético con unas gotitas de colonia de su amada compañera.

Increíblemente bien. No se le ocurría otra frase para calificar su gran actuación fregando con la manguera y el cepillo los contenedores de la basura orgánica. Y sí, el jefe de Recursos Humanos le dió una tercera oportunidad.

Decidido a no dejar escapar aquel empleo, y encomendado al neceser de su mujer, para la prueba definitiva recurrió de nuevo a la crema, la colonia y a un brillo de labios apenas perceptible aunque con un característico olor a frutas del bosque.

¡Sí! El empleo era suyo. Marcó dicho día en el calendario, invitó a cenar a su mujer y planchó dos veces el uniforme de operario de la planta de reciclaje antes de estrenarlo a la mañana siguiente.

Ya vestido para la ocasión y antes de salir de casa, dudó sobre si volverse a acicalar con aquellos ungüentos que tan buena suerte le habían traído. Por qué no. La crema, la colonia y el brillo se volvieron a aliar con el flamante trabajador de los servicios de recogida y separado de basuras. ¿Y qué si, en su primer día de trabajo, retocaba con un ligero rímel sus lacias pestañas? Seguro que a su irresistible sonrisa le añadía una mirada más alegre y abierta.

Y así fue cómo consiguió, además del puesto, que el jefe de Recursos Humanos le pidiera salir.

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3 comentarios

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  1. Félix said, on 25 enero 2012 at 18:23

    A mi me resultaba más sugerente la foto anterior. Quizá si el contenedor hubiera estado con la “boca” un poco abierta…

  2. Paco Auñón said, on 25 enero 2012 at 14:16

    Ja, ha…. Divertido y entrañable. Y no miento.

  3. rosi said, on 23 enero 2012 at 20:27

    si es que lo que hace un buen maquillaje…


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