El blog de Elisa Bayo

Mensajes del pasado

Posted in El blog en 2010 by Elisa Bayo on 8 abril 2010

Las personas procedentes del pasado que, como los inmortales, conviven en el siglo XXI lo hacen bajo el anonimato que proporcionan las grandes ciudades. El mes pasado tuve la suerte de ver a tres en Madrid. En el metro. Si yo perteneciera a otra época y tuviera que vivir en la nuestra, también viajaría en metro. Da mucha tranquilidad el hecho de que la gente no te mire a la cara. Suelen anestesiarse anulando sus sentidos leyendo periódicos o escuchando música de baja calidad a todo trapo. 

Calculo que uno de ellos pasaba de los sesenta años, cojo, con la pierna derecha amputada de rodilla para abajo. Vestía una chaqueta de pana gris oscura y una elegante boina. Le cedí el asiento para poder observarle mejor. Tenía pinta de civil francés herido en la Primera Guerra Mundial. Ni idea de dónde fue abatido. Lo mismo era alemán, pero como no le dirigí la palabra, me quedé con la duda.

Otro día en el que me vi tentada a anular mis sentidos, descubrí a mi lado, de pie, a una madame, también francesa, de la Primera Guerra Mundial. ¿Es que todos los supervivientes de esta guerra han decidido ir a Madrid? La delataban los guantes de cuero marrón clásicos de los pilotos de coches de la época. De cabello rizado y pelirrojo, ella había aprovechado su estancia en el futuro, bueno, en el presente, para beneficiarse de las ventajas de la cirugía estética, muy apreciada entre las señoras de más de sesenta años. Apuesto a que su fiancé no tiene más de treinta. Apenas compartí tres paradas con ella, se bajó en Gregorio Marañón.

Y cuando estaba a punto de rendirme al no encontrar explicación a tan repentina coincidencia de personas del pasado con franceses de entre 1914 y 1918, apareció el tercero en discordia: un obispo de la inquisición española del siglo XVIII. Calvo, blanquinoso y de ojos azules como grandes canicas a punto de salirse de las órbitas. Me causó tan mala sensación que decidí anular mis sentidos de una vez por todas. Seguro que él había comenzado a juzgarme por bruja y por haberle descubierto.

Rara vez este tipo de personas habitan en pequeñas ciudades o pueblos. Y si lo hacen, se aseguran previamente de contar con la aprobación y complicidad de los vecinos, de tal modo que cuando un foráneo pregunta “¿Pero el tío Paulino cuántos años lleva aquí?”  los del lugar le restan importancia con un “Uy, hijo, toda la vida. Creo que asciende de Avilés”. Y todos tan conformes.

Lo que nunca había visto hasta hace quince días en vivo y en directo es a una persona del futuro. Me monto en la parada de Plaza de España y me encuentro de frente a una señora anunciando el apocalipsis, proclamando el perdón divino y advirtiendo de la encomienda a la deidad para evitar el fuego del infierno. Los que no están anestesiados por el MP3 o el último best seller de moda, tienen la mirada fija en los cordones de sus zapatos. Nadie parece hacerle caso aunque no se oyen otras palabras en el vagón más que las suyas. Me llama la atención su vestimenta: unos botines blancos de tacón, un vestido hasta los pies, rosa de fiesta y un abrigo corto de pieles grises. Descendiente de los esclavos del algodón de los Estados Unidos, también supera el medio siglo de vida y viene a recordarnos, con acento cubano, el clásico discurso en estos casos: el final de nuestro tiempo como castigo a tanto consumista, individualista y anestesista.  

Oyéndola, me arrepiento de no haber preguntado a los otros cuáles eran sus mensajes. La gente del futuro, por lo menos en las películas, y ahora en el metro, siempre cuenta algo, advierte, aconseja, acojona… pero la del pasado no suelta prenda. ¿Por qué aguantan vivos tantos años? ¿Por qué mantienen tanta paz y sosiego? ¿Y si resulta que el presente está condenado a ser mejor que el pasado? El próximo Monsieur o Montesquieu que me encuentre no se me escapa.

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2 comentarios

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  1. Dioni said, on 4 mayo 2010 at 1:01

    Hola Elisa, me he metido a fisgar en tu blog y lo que he leido me ha gustado. Su lectura me entretiene y me llama a seguir leyendo. Creo que tienes una rica imaginacion y una escritura fresca y agil. Si disfrutas haciendolo, (escribir) no pares, en el peor de los casos, lo pasaras bien y te sentiras bien. Luego, estoy seguro, que alguien, quizas mucha gente, lo compartira contigo.
    Un beso.
    Dioni.

    • Elisa Bayo said, on 4 mayo 2010 at 11:15

      Muchísimas gracias, Dioni. Ahora estoy practicando más, a ver si mejoro. Y llevas razón, escribir es una buena terapia con la que te lo pasas muy bien. Me alegro de que te guste. Besos.


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