El blog de Elisa Bayo

¡Me caso!

Posted in Having a bath by Elisa Bayo on 13 diciembre 2009

¡Je, je! Le he puesto este título al artículo para que le hagan más “caso”. La que se casa es amiga María, que me ha llamado para contármelo. Apenas lleva una semana saliendo con su nuevo novio guardacostas, pero como hay tanta lista de espera para reservar restaurante en Torremolinos, pues ha pensado que en los dos años que tardan en tener sitio, le da tiempo de sobra en afianzar su relación -o a arrepentirse y encontrar a otro hombre-. La verdad es que me parece una solución muy acertada en la que cada vez piensa más gente. Lo que ya no tiene tan claro es cómo resolver lo de “por la Iglesia” o “por el Juzgado”. Ella tiene una hija de 8 años fruto de una relación anterior, y claro, ahora se plantea la vergüenza que pasaría de presentarse ante el altar del mismísimo Altísimo, al que se supone que debe llegar inmaculada, y el mismísimo Altísimo vea que “la prueba del delito” es la encargada de llevar la arras. Ella no sabe qué hacer porque es muy creyente. Yo le he propuesto que busque algún antiguo convento o monasterio que haya sido transformado en salón de banquetes. No sabemos si Jesucristo la perdonará, pero al menos ella tendrá la conciencia algo más tranquila.

Verdaderamente, me hace muchísima ilusión asistir a su boda aunque más que un honor, hoy día, con la crisis, resulta un castigo: el hotel, el regalo, la ropa, la peluquería… Los hombres, al igual que el novio, da lo mismo cómo se presenten, con un traje van apañaos. Pero las mujeres ¡Si nos tenemos que vestir como los paquetes de regalo! Unos brillos, unos lazos, unos complementos…

-“¿Has visto a Puri?”

-“Sí, es aquella del sombrero de setas con gambas aterciopeladas, la torera de raso y la falda de globo con volantes de sevillana”.

-“Qué hortera va, ¿verdad?”

-“Pero qué dices, si va de Vitorio y Lucchino”.

Ésta es la gran trampa de las bodas, que hay quienes van hechos unos espantajos, pero como son espantajos de diseñadores famosos… pues te tienes que morder la lengua y envenarte o seguir criticando por debajo. Y siempre con el temor a no ser única e irrepetible. La mayor tragedia griega que se puede dar en un enlace matrimonial es que haya dos invitadas vestidas iguales. Ya no porque una vaya igual que tú, sino porque vaya igual que tú, y le quede mejor que a ti. Eso es peor que perder el trabajo, coger la gripe A y que un meteorito amenace al planeta al mismo tiempo.

En lo que yo creo que los novios se pueden ahorrar dinero es en el menú. Cuando uno celebra una boda a cierta edad, los invitados no son chavalines que digamos. Así que entre el azúcar, la tensión, el colesterol y los triglicéridos… más prevenir que curar. Le he dicho a María que es preferible poner una cremita de verduras y un pescado a la plancha que arriesgarse a un infarto de miocardio en mitad del banquete por haberse hartado a comer paletilla. Y eso, unido a que por muy mala que sea la invitación el regalo en metálico mantiene la misma cantidad, los novios pueden lograr el negocio del siglo y reinvertir los ganado en el fondo para imprevistos del tipo “divorcio”. El problema en este caso reside en que los invitados, cuando no comen bien, lo dicen:

– “¿Qué tal iba la novia?”

– “La novia iba muy guapa, pero la comida… ¡ni langostinos!”

Y lo dice la sabiduría culinaria popular: una boda sin langostinos, no es una boda. Cuando ponen langostinos, la mayoría de las veces cocidos, siempre hay alguien que en su casa se los come con las manos y chupa hasta la cabeza, pero en el convite, al lado de los primos terceros que sólo ve en ocasiones tan importantes como los entierros de los tíos a los que nunca conoció, se pone a pelarlos con cuchillo y tenedor. Añadiré esta observación a mi cuaderno de apuntes antropológicos, así como la extraña conversación que se entabla por la salsa rosa y el misterio de la mayonesa y el tomate de bote.

Por si acaso, voy a ir preparándome para la ocasión reservando las clases para aprender a qué lado de la mesa se coloca el pan o cuerpo de Cristo y cuál es la copa del vino o sangre de Cristo. Definitivamente, no puedo negar la evidencia: la marcha nupcial queda mejor adornando una parroquia del siglo XIV que en un patio discotequero con los canapés al lado del juez de paz. Voy a mirar en internet, a ver si las iglesias de Torremolinos tienen espá.

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