El blog de Elisa Bayo

Ajuste de cuentas

Posted in Having a bath by Elisa Bayo on 29 noviembre 2009

Aprovecho estas líneas para despedirme de ustedes ante la alta probabilidad de que éste sea el último baño que me dé. Me acabo de encontrar por la calle al charcutero que me ha dicho: “Elisa, pásate por la tienda, que tenemos que ajustar cuentas”. En ese mismo instante me ha entrado una temblequera de piernas que casi me caigo redonda allí mismo. He asentido levemente con la cabeza y me he venido a casa como alma que lleva el diablo. Viendo en los periódicos y en la televisión cómo se ajustan las cuentas, o este tío me pega un tiro a bocajarro o me mete un hachazo que me deja seca en cuanto me vea. Como se dedica a lonchear el jamón de york y la mortadela con aceitunas, seguro que me hace rebanadas y me vende en “cuartos y mitades”.

Pero, ¿tanto odia la gente las matemáticas que ahora todo el mundo hace las sumas y las restas contando las balas del cargador? Creo que el planeta y mi destino están perdidos. Como mucho le debo un kilo de lomo embuchado y medio de chicharrones, pero una nunca alcanza a adivinar la mella que la crisis económica y de los cuarenta pueden haber hecho en la mente o en la cámara refrigeradora de las personas, y apuesto a que medio salchichón por aquí, y doscientos gramos de chope por allá… el charcutero debe de estar endeudado hasta las manitas de cerdo por fiar a tanta clientela.

Me he puesto a revolver el cajón donde guardo y resguardo los papeles pequeños de cifras y letras pero el pánico me atenaza los pensamientos. Siempre puedo ofrecerle una devolución del dinero embutido con intereses. No, estoy segura de que él no atenderá a razones. Me ha soltado la frase con una indiferencia fría, deliberada, dejando clara su intención de venganza. No tengo salvación. Inconscientemente, mi cerebro, que casi siempre va por libre y se cree mi secretario, ha comenzado a redactar el testamento en el que mis familiares y amigos deberán buscar consuelo.

A mis hermanos les dejo los seres vivos de la casa: el helecho y el guiri irlandés, así tendrán profesor de inglés gratis. La bici prefiero que se la quede Lorena, que a la pobre le han robado la suya y siempre le ha dado envidia la mía que es dublinesa. Y la hipoteca… ¿quién merece ser castigado con una deuda así? Que la compartan mis abuelas, que entre las dos suman casi doscientos años y así el suplicio lo padecerá el banco. Ojalá mis ojos alcanzaran a contemplar el toreo que le pueden organizar al notario y al director de la sucursal dos señoras consuegras que han sobrevivido a una guerra civil, una dictadura y una alianza de civilizaciones. Que si la angina de pecho me va a impedir ingresar el dinero a tiempo, que si no, que si con el Alzheimer se me ha olvidado dónde firmar, que si ya lo recuerdo… Este cerebro es más perverso que el charcutero.

¿Me dará una muerte lenta? Escudriñando, encuentro tarjetas viejas de pubes madrileños de cuando te servían dos copas por 1.100 pesetas (no ha llovido nada desde entonces), un bonobús caducado, algunas facturas del supermercado, etiquetas de pantalones, un botón, servilletas con teléfonos sin nombre, envoltorios de sugus, entradas del cine desgastadas, otro botón, ¡ay va! ¡la entrada al concierto de Ricky Martin en las Ventas! (recuérdenme que “retoque” algunas partes de mi pasado) y un lapicero sin punta. Definitivamente, si sobrevivo a este episodio, me volveré vegetariana y dedicaré un artículo a este cajón.

Por fin aparece el sobre donde pone “Charcutería”. Sí, aquí está apuntado. Le debo justamente las viandas que suponía. La deuda a saldar no llega a 12 euros. Entonces ¿por qué me ha dirigido esas palabras tan amenazantes? Pero si somos amigos desde la infancia. Incluso en el recreo de la escuela yo misma acompañaba a hacer pis a su futura esposa. ¿Acaso la recesión nos está volviendo paranoicos a todos? Un momento, aquí están también los boletos de lotería de la Cruz Roja que no tocaron y no me los ha pagado todavía. ¡Tendrá cara! Ajustando la cuenta es él quien me debe a mí nada menos que dos euros con cincuenta y cinco céntimos. Pues voy a ir afilando la navajilla cabritera que se va a enterar éste de lo que vale un peine…

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3 comentarios

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  1. De segunda mano « El blog de Elisa Bayo said, on 29 diciembre 2009 at 8:31

    […] – “Convencer a Elisa para que se apunte a clases de matemáticas y devuelva la navajilla cabritera” por el charcutero. […]

  2. Edu said, on 30 noviembre 2009 at 12:51

    hahaha .. XDD manda la bici para Irlanda que aqui la recesion tambien ha llegado (hace tiempo!) y ya te la guardo yo! 😉 antes eras mas tranquila, xiquilla!! hehehe mucha mala gente veo yo en tu pueblo! 😀

  3. elversodeluniverso said, on 29 noviembre 2009 at 22:13

    😉


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