El blog de Elisa Bayo

Acuáticas con estilo

Posted in Having a bath by Elisa Bayo on 10 agosto 2009

Las piscinas han recibido con alegría y frescor a las abuelas que nadan como los perretes, un estilo acuático que debería ser añadido al de mariposa y sirena en la categoría de “animales raros”. El Comité Olímpico Internacional tiene que empezar a plantearse la modificación de las normas en natación. La población mundial envejece y, llegará cierta edad en la que incluso Michael Phelps, uno de los mejores nadadores de toda la historia, preferirá el tranquilo y rítmico estilo canino al estresante “braza”.

Observándolas cuando me tumbo en la toalla, desde mi escocido punto de vista -porque se me ha metido protector solar en el ojo- las abueletas poseen el don de la constancia y una misteriosa cualidad por la que, inexplicablemente, nunca jamás se mojan el pelo. ¿Recuerdan el primer artículo de esta sección donde hablaba de esto? Lo hacen todas. No importa que la piscina esté llena de niños chapoteando y arrojándose al agua “a bomba” como si aquello fuera un campo de batalla que hubiera que sembrar de misiles. El cabello permanece seco y encaracolado, inamovible, casi pétreo, como los bustos clásicos, casi eterno…

Me encanta el efecto que el verano produce en los recintos acuáticos. En invierno, cuando tomamos un baño en las piscinas cubiertas, éstas se asemejan a pequeños campos de concentración en los que los sujetos a remojo actúan constreñidos por la obligatoriedad de cumplir estrictas normas en la indumentaria (gorro-bañador-chanclas) y en el acto de bañarse en sí mismo: secuencias repetitivas de ejercicios por una única calle del vaso. Pero llega el mes de junio y… ¡Revolución! Es como si de repente los fascistas, con el buen tiempo, se volvieran hippies. Se queman los gorros y se dinamitan las calles. Casi todo, y en algunos casos, todo vale.

Las señoras-perrete manifiestan un profundo espíritu hippie. Suelen vestir bañadores con flores estampadas de colorines cuyos pétalos crece más o menos dependiendo del tamaño y la forma del cuerpo serrano al que cubran. Eso sí, siempre dejan impreso su sello de elegancia metiéndose al agua con los pendientes de perlas o con la cadena de oro y la medalla de Santa Gema.

No vamos a defender aquí que en las olimpiadas los nadadores saquen el joyero entero, pero sí haría más entretenida y atractiva la competición si, en lugar de tanto discutir por los nuevos modelos de bañadores, diseñaran unas prendas con algo más de colorido. Ahora que la competición masculina se ha unido a la femenina en eso de llevar todo el tronco cubierto, podrían aprovechar tanto espacio en negro para pintarles unas margaritas o un campo de girasoles. Incluso la inserción de anuncios de comida para peces quedaría de lo más cuca en los flamantes trajes de baño.

Otra vez desde mi escocido punto de vista -la crema sigue haciendo de las suyas incluso dentro del agua- no creo que la polémica sobre los trajes de baño para las competiciones responda a intereses económicos o de batir récords olímpicos. Más bien tiene que ver con un hecho que, por vergüenza, no se ha querido explicar como el rey Tritón manda. Mi prima Yolanda se pregunta, con toda la razón del mundo, por qué los hombres se ponen los gorros de piscina en la cabeza si donde más pelo tienen es en el resto del cuerpo. Y circula el rumor de que, en una ocasión, se avisó a la protectora de animales creyendo erróneamente que, en un conocidísimo recinto acuático, había un oso nadando. Figúrense la que se lió cuando uno de los recordman del mundo fue literalmente pescado en el agua.

En cuanto me seque voy a ir a escribirle una carta (sí, sí, una carta de las de poner sello) a mi amigo Phelps. Seguro que con todos esos récords del mundo, los de las olimpiadas le hacen más caso que a mí. Le diré que solicite ante el Comité unas cuantas normas para los nadadores. En primer lugar, declarar oficialmente el “estilo perrete”. A continuación, permanentarse el cabello de cuello para arriba y depilarse el resto. En tercer lugar, los bañadores deben llevar flores ornamentales. Y por último, se concederá entrada y baño gratis a sus abuelas. Gracias a ellas los remojones son muchísimo más divertidos.

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Una respuesta

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  1. De segunda mano « El blog de Elisa Bayo said, on 29 diciembre 2009 at 8:30

    […] “Invitar a las señoras que nadan como los perretes a mi próxima competición” por el campeón del mundo de natación, Michael […]


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