El blog de Elisa Bayo

Una burbruja

Posted in Having a bath by Elisa Bayo on 22 junio 2009

A continuación les transcribo una conversación que escuché en una terraza de primavera:

– Hola, buenas tardes. Perdone que le moleste. Puedo sentarme aquí con usted, ¿verdad? Muchísimas gracias. Es que no me gusta nada sentarme con desconocidos.

– Pero yo soy un desconocido y se ha sentado conmigo.

– Que va. ¡Uy! ¿Está tratando de engañarme? Hace un minuto he observado con mis propios ojos cómo le saludaba el camarero confiadamente. Apuesto a que son amigos.

– Si, la verdad es que…

– ¿Ve? Entonces no es un desconocido.

– Tiene usted toda la razón.

– Gracias por el piropo, pero acostumbro a no dejarme nada de razón en casa. Siempre la llevo toda conmigo. Por lo que pueda ocurrir. Hay tantos locos en los manicomios…

– Sí, yo también me he deprimido últimamente. Disculpe, ¿tiene hora?

– Pues no, fíjese. La hora sí que suelo dejarla en casa. Pero puedo prestarle tres minutos de mi tiempo, que es justo lo que tarda el camarero en traerme un refresco.

– ¿Me permite invitarla a ese refresco?

– Si le soy sincera, no me gustan los refrescos. Pero pensándolo bien, no voy a serlo. Así que estaría encantada de aceptar su invitación.

– No sabe usted cuánto le agradezco su aceptación.

– Sí, sí. Sí que lo sé. Pero no voy a entrar en detalles.

– Adelante. Entre, entre.

– Por favor, le aconsejo que desista en su insistencia. Prefiero quedarme aquí afuera.

– Como usted mejor vea.

– Lo cierto es que veo mejor de día que de noche, por eso de que de día hace sol y de noche no hace. Usted ya me entiende. Vaya, qué tarde es ya. Sólo falta un minuto.

– ¿Para qué?

– ¿Para qué va a ser? Para que finalice el tiempo que acabo de prestarle. Luego llegará la música.

– Discúlpeme, pero me he perdido.

– Disculpado queda. Pero está bien claro dónde está usted. Creo que no nos hemos movido de esta terraza.

– Me refiero a la música.

– ¡Ah! ¡La música! ¡Qué bella es! ¿Verdad? Le explico: es que yo siempre voy a compañada de melodías. Son la banda sonora de mi vida. Bueno, la verdad es que esta semana he escogido la banda sonora de la película de Amelie, una chica muy mona, aunque un poco calladita. ¿Quiere usted escucharla?

– ¿A Amelie?

– No, a mi música.

– Encantado.

– ¿De haberme conocido? Lo sabía. Yo también estoy encantada de haberme conocido. Pero dejemos a este lado los encuentros y vayamos a ese otro. Allí, suena mi música.

(Les prometo que aquí comenzó a sonar la música, ¡sin saber de dónde procedía!)

– ¿Sabe? Creo que tanto en el fondo como en la superficie los dos nos parecemos un poco a mí.

– Cree que usted y yo…

– No, por favor. No siga por ahí. Me está ruborizando. Bueno, he de reconocer que yo también he sentido algo por usted en cuanto le he visto. Además, esta música siempre guioniza mi vida con una mezcla de sucesos románticos e intrigantes a la vez. Hagamos un descansito. ¡Publicidad!

(Les prometo que aquí comenzó a sonar un anuncio de refrescos de naranja)

– Esto es increíble.

– Le entiendo perfectamente. Yo tampoco consigo hacerme a la idea de que todos los hombres con los que hablo acaben enamorándose de mí. Siempre he tenido muy buen gusto musical y publicitario, como usted mismo acaba de comprobar.

– Admito que me ha dejado un tanto sorprendido. Al verla hace cuatro minutos, no pensé que una mujer como usted pudiera tener tantos recursos sonoros.

– Creo que es usted bastante impresionable. Pero me ha caído bien: ni demasiado cerca ni demasiado rápido. Puede invitarme a cenar si lo desea, aunque deberé ponerme una música adecuada para la ocasión.

– Si quiere, puedo sugerirle unas cuantas por el camino.

– ¿A Roma? ¿A la perdición?

– A éste que acaba para los lectores. Que tengan felices sueños. ¿Vamos, querida?

(Y les prometo que la pareja abandonó del brazo la terraza y, según iba alejándose por la calle al son de su música, los dos desaparecieron poco a poco como por arte de magia)

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Una respuesta

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  1. Casiopea said, on 26 junio 2009 at 11:10

    Jajajaja me hubiera encantado ser también testigo de esta conversación. Genial Elisa, no sabía que escribieras así.

    Besos


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