El blog de Elisa Bayo

Vino moscovita

Posted in Having a bath by Elisa Bayo on 8 junio 2009

Los viticultores de Cuenca están hasta los mismísimos racimos de oir que el vino es una bebida alcohólica origen de la ruina de bolsillos e hígados. Mientras que en el resto del continente europeo el icono que representa esta bebida es una fragilísima, estilosísima y brillantísima copa con apenas un culillo de vino tinto, garantía de una buena velada en compañía de la persona amada, en el cerebro ibérico se suceden las siguientes fotografías:

1.- Cartón de Don Simón.

2.- Bota del abuelo Félix.

3.- Porrón con gaseosa.

4.- Y si nos metemos en la tinaja y nos la bebemos ¿qué pasa?

Analizando tal contraste nos damos cuenta de que la dispar percepción de este líquido se debe simple y llanamente a una cuestión de estilo. Los franceses llevan décadas consumiendo este producto con mesura y dándole de beber al mundo a precios desmesurados, y los españoles, diciéndole al mundo “venid aquí a beber, que tenemos más y a mejor precio”.

Otros países ya se han dado cuenta del negocio galo. En mi pub vikingo triunfan los vinos chilenos de apellido vasco y cepa francesa. Eso sí, a cinco euros con treinta el botellín más barato de “cuarto de botella de tres cuartos de litro” (¿cuarto y mitad?¿cuarto menguante? ¿cuarto de la limpieza?). En resumen, un traguillo con el que apenas bautizas una muela. Los clientes lo pagan encantados. Les voy a enviar una postal a los de Cuenca para decirles que se vayan a hacer campaña del vino manchego a Benidorm y Torremolinos. Que no les engañen, en las costas españolas no hay moros, sino irlandeses. La cuarta parte de la población de esta isla pasa cada año sus vacaciones en nuestras playas. Sí, sí, que es verdad cuando decía la semana pasada lo del sartenazo y eso de que los cuerpos blancos reflejan peligrosamente los rayos de sol: son los irlandeses los que están provocando el cambio climático en nuestra tierra patria. Pero debemos perdonarles estas cosas porque ellos idolatran España. Su santísima trinidad está formada por el sol, la comida y el Fútbol Club Barcelona (de esto último les daré explicaciones otro día).

En cuanto a la música, llevan dos años sin representante para el festival de Eurovisión. En la edición pasada tenían excusa ya que presentaron a un pollo como artista (con pollo me refiero a cría que nace de un huevo de ave, no a hombre joven aludido o invocado por persona de mayor edad), pero éste… Así que al quedarse festivaleramente huérfanos, han adoptado a la cantante española, Soraya. Recuerdo la primera y última vez que me presenté a un concurso de monólogos de humor. Los nervios me consumían de tal manera que a los veinte minutos de estar esperando para salir al escenario ya me había bebido cuatro botellas de agua -menos mal que no era vino- y había visitado al señor Roca otras tantas. Sin embargo los temblores desaparecieron súbitamente cuando la primera concursante no sólo no hizo reír al público sino que además se quedó en blanco al olvidar parte del texto. Entonces me dije: “Peor que ésta es imposible hacerlo”. Apuesto a que eso mismo pensó Soraya. Después del personaje con la guitarrilla de feria, el Chikilicuatre (primera vez en mi vida que escribo este nombre, lo juro) ¿quién cree que va quedar en peor posición? Seguro que la concursante irlandesa sintió lo mismo con su pájaro. Pues nos equivocamos las tres: sí, se puede hacer peor. Para Soraya, actuar en la posición número 25 ha supuesto el cumplimiento de la más desagradable de las rimas.

Todo esto habría tenido un final feliz si desde el comienzo nos hubiéramos asegurado un buen soborno. Para comprar el voto del jurado eurovisivo, yo habría firmado un convenio marco de colaboración de un año de duración prorrogable para la promoción del vino manchego en Rusia e Irlanda. Viñas hasta que la plaza Roja de Moscú se volviera tinta. Y a repartir botellas hasta conseguir que los rusos pronunciaran cencibel y garnacha mejor que vozka y ensaladilla. Y si al escenario hay que salir a cantar con una hoja de parra, pues se sale. Y si hay que entonar “El vino que tiene Asunción” pues se entona. Todo sea por mostrar la verdadera imagen del vino español. No hace falta decir que ningún bar cobraría el chato a menos de cinco euros. La calidad es lo primero.

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2 comentarios

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  1. Laura said, on 25 junio 2009 at 17:57

    Quiero ir a ese bar!!

  2. natalia said, on 24 junio 2009 at 22:40

    Buah me dejas sin palabras, eres increible!!

    Gracias por compartirlo con nosotros

    PD:Me debes un café (el de mañana por la mañana) porque es la una y pico y aquí sigo, “enganchá”


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