El blog de Elisa Bayo

Barbas a remojo

Posted in Having a bath by Elisa Bayo on 18 mayo 2009

Las ovejas están que tiemblan en Irlanda. No les llega la lana a la chuleta. Primero las vacas, luego los pollos, ahora los cerdos… Temen ser las próximas en padecer la mutación de algún bicho que las vuelva locas o las constipen. Así que este año se niegan a ser esquiladas. Que no les toquen ni un rizo. Lo hacen para mantenerse calentitas aunque los servicios veterinarios ya les han comunicado que no tiene nada que ver. “No tiene nada que ver, señoras ovejas” ha comunicado el veterinario. Pero ellas replican que esos aires y brisas traicioneros del Este de la isla -que provienen de Méjico lindo y querido, según fuentes ovinas- no son buenos ni para la garganta ni para los riñones, y que los pollos enfermaron por enseñar tanta pechuga. Creo que ya les hablé de la meteorología irlandesa, ¿verdad? Ellas que vivían tan contentas sin ser ni el foco de atención ni de infección. Pero claro, ya va a ser mucha casualidad que no les sobrevenga algo.

Hasta ahora, las ovejas habían gozado de cierto privilegio en el negocio de la manipulación genética. Lo más escandaloso y polémico a lo que se habían enfrentado había sido la clonación de su querida compañera que en paz descanse, Dolly. Algo inodoro, insípido e inocuo para los televidentes. Nada de tumbar en la cama del hospital a medio mundo con sólo estornudar a 1.700 kilómetros de distancia. Y no vamos a negar que una clonación da caché. Los científicos podrían haber calcado a un mono o una cebra. Cierto, una cebra no, porque es muy difícil que todas las rayas te salgan iguales. Pero eligieron copiar a la oveja, que para lo más que había servido hasta entonces, fuera del ámbito gastronómico y textil, había sido para sustituir a los somníferos: “Trescientas cuarenta y siete, trescientas cuarenta y ocho, trescientas cuarenta y nueve…” ¿Llegará el día en que nos volvamos narcolépsicos por comer cordero? Visto lo visto, denlo por seguro.

No quiero ni pensar que habría sido del reino animal si todo esto llega a ocurrir en tiempos de Noé. Bueno sí, sí quiero pensarlo. Me imagino el arca, con todos los animales viajando como piojo en costura y sudando como pollos. De repente el cerdo, que le ha tocado ventanilla sin cortinas ni nada hace “¡Achís!”. Automáticamente, silencio absoluto en el arca. Ni un “Jesús” se oye. Los patos cierran el pico, la ternera deja de reivindicar su derecho a la locura ostentado durante siglos por la cabra, y las gallinas… con los huevos de corbata. ¡Pandemia a la vista! Algunos se atreven a ponerlo en duda ¿Gripe porcina o es que el gorrinete le tiene alergia al gato? El único sonido que perturba el mutismo son los ronquidos de Noé, que se ha quedado profundamente dormido. Y el barco navega a la deriva.

Claro que, pensándolo bien, habría sido más lógico que un contagio así hubiera sucedido en tiempos bíblicos. Para empezar, Noé se saltó toda norma sanitaria al mezclar en un espacio tan reducido a animales de toda especie y condición. Desde luego no había tomado ninguna precaución a la hora de desinfectar el habitáculo ni había dado parte a las autoridades correspondientes. Transportaba cientos de animales sin licencia de navegación, ni portuaria, ni de transporte de mercancías. Y que no me venga con eso de que era voluntad divina porque, la documentación, si hay que tenerla en regla, hay que tenerla y punto. Es que a Dios se le pasó añadir una nota al pie de la tabla de los diez mandamientos diciendo “y todo esto, con los papeles en orden, además de la fotocopia del DNI, una foto a color y el certificado de empadronamiento”.

Al entrar a la cocina me he dado cuenta de que la oveja irlandesa que tengo como imán en la nevera lleva bufanda ¡y sombrero! Como buena madre del cordero ella lleva tomándose en serio durante muchos años esto de la salud y el ir “bien abrigadicos”. Además, este animal sufre una vergüenza inmensa cada vez que lo obligan a desprenderse de su traje de lana en primavera. ¡Hala, vete a correr desnudo por la pradera hasta que te crezca la ropa otra vez! No hay comparación. Los cerdos siempre han ido como su madre los trajo a la piara, están más que acostumbrados. Así que se encomiendan a San Patricio para que la mano del hombre y los microbios pasen de largo. Pero no albergan mucha verde esperanza. Convendría ir construyendo su propia arca para salir cuanto antes de la isla. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

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Una respuesta

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  1. De segunda mano « El blog de Elisa Bayo said, on 29 diciembre 2009 at 8:30

    […] – “Coger la gripe para no perder fama frente a cerdos y pájaros” por la oveja Dolly 4. […]


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